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CADA 48 HORAS EL VIH SUMA UN NUEVO ROSTRO EN AREQUIPA

En el interior del Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza, la rutina médica convive con una cifra que inquieta a los especialistas. Cada 48 horas se detecta un nuevo caso de VIH. No se trata de una proyección ni de una advertencia hipotética, sino de una realidad sostenida que confirma el avance silencioso de una enfermedad que continúa expandiéndose en Arequipa sin generar la alarma social que debería.

El doctor Ralph Malma, médico del área de infectología, explica que el hospital concentra aproximadamente el 50 por ciento de los casos de toda la región. En sus registros figuran cerca de dos mil pacientes en tratamiento activo, en su mayoría jóvenes entre los 20 y 35 años. Cada mes se diagnostican entre 15 y 20 nuevos casos, aunque la cifra real sería mucho mayor. La mayoría de personas llega al hospital cuando el virus ya ha avanzado y comienzan a manifestarse infecciones oportunistas. Esto significa que durante años pudieron haber vivido con VIH sin saberlo, transmitiéndolo de manera involuntaria.

El problema se agrava fuera del ámbito hospitalario. No existe una vigilancia comunitaria activa ni campañas masivas y permanentes de tamizaje en centros educativos, espacios laborales o barrios. Según el especialista, Arequipa enfrenta una epidemia subestimada. A diferencia de décadas pasadas, hoy casi no se observan mensajes preventivos visibles ni políticas públicas que generen conciencia o responsabilidad social frente al riesgo real de contagio.

Los datos epidemiológicos nacionales respaldan esta preocupación. De acuerdo con reportes del Ministerio de Salud actualizados al 2025, el Perú registra más de 110 mil personas que viven con VIH, y las regiones del sur, incluida Arequipa, muestran una tendencia sostenida al alza en nuevos diagnósticos, especialmente en población joven. Arequipa se mantiene entre las cinco regiones con mayor número de casos acumulados, pero con un bajo índice de diagnóstico temprano.

Aunque el VIH continúa afectando principalmente a varones que tienen relaciones sexuales con otros varones, el perfil del paciente ha cambiado. Cada vez más mujeres heterosexuales, muchas de ellas amas de casa sin antecedentes de trabajo sexual, están siendo diagnosticadas. Este cambio revela que el virus ya no circula solo en poblaciones tradicionalmente consideradas de alto riesgo, sino en el entorno cotidiano y familiar. En el caso de niños, los controles prenatales han permitido reducir la transmisión vertical, aunque los especialistas advierten que este logro depende de mantener el acceso oportuno a pruebas y tratamiento en gestantes.

En el plano médico, los avances son significativos. Hoy existen pruebas capaces de detectar el virus apenas dos semanas después del contagio y esquemas de tratamiento antirretroviral que permiten a los pacientes llevar una vida prácticamente normal. El esquema más utilizado combina tres fármacos en una sola tableta diaria, con menos efectos adversos y mayor adherencia. Sin embargo, estos avances chocan con una realidad estructural. El área de atención VIH del hospital funciona con el mismo número de personal desde hace casi dos décadas, mientras el número de pacientes no deja de crecer. El servicio opera por encima de su capacidad.

La falta de respaldo institucional también es evidente. Desde el ámbito hospitalario no se percibe un apoyo sostenido de los gobiernos locales ni regionales para fortalecer la prevención. No hay campañas constantes, ni inversión suficiente en recursos humanos, ni estrategias intersectoriales que involucren educación, municipalidades y medios de comunicación. El VIH ha dejado de ser un tema prioritario en la agenda pública, pese a que los contagios continúan.

El mensaje final de los especialistas es evidente. El VIH no distingue edad, género ni condición social. La prevención sigue dependiendo del uso responsable de métodos de barrera, del acceso a información veraz y de la decisión de realizarse pruebas de manera periódica. En Arequipa, el virus avanza en silencio mientras la respuesta institucional camina más lento. Cada nuevo diagnóstico que llega al Honorio Delgado no es solo un número, sino una señal de alerta que la ciudad aún no termina de escuchar.

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